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Surf camp a Islandia

El surf en Islandia

Las islas no solo son tropicales e Islandia es la prueba. Situada entre Noruega y Groenlandia en el Atlántico norte, Islandia es un destino cada vez más preciado por el turismo y reputado por sus parques nacionales que albergan volcanes, geiseres, campos de lava, fuentes de agua caliente, cascadas y fiordos majestuosos.

Si aquí el frío es mordaz, las condiciones de surf no son menos excepcionales. Entre el azul de los fiordos, el fuego de los volcanes y el hielo de los icebergs, las olas se desenroscan. Por supuesto, Islandia es un destino para los aventureros de corazón, los que aman la naturaleza bruta, el silencio y estar confrontados con la fuerza de los elementos.

Si aventurarse aquí toma casi el aspecto de un viaje iniciático, ir a hacer un surf trip es entonces una verdadera elección. El aire y el agua son glaciales y piden tener una buena condición física y mental. Le hará falta anticipar las temperaturas y equiparse de combinaciones, zapatos, pasamontañas y guantes de un espesor considerable.

Surf camps en Islandia

Hay muchos surfcamps en Islandia. ¡Hemos seleccionado para ti lo mejor de ellos para que vivas una experiencia inolvidable durante tus próximas vacaciones en Islandia !

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Por qué venir a surfear a Islandia

Un reto para los buenos surfistas

El surf está lejos de ser el deporte nacional de Islandia, y con razón, los locales desconfían mucho del océano, incluso los más jóvenes. Se cuenta con tan solo una veintena de surfistas que desafían las olas cada año. Sin embargo, la isla recibe swells de todas las direcciones, en condiciones que originan a veces olas de categoría mundial.

Los spots están situados, mayoritariamente, al suroeste, en la región de Reykjavik, en la península de Reykjanes. Olas potentes y consistentes rompen sobre un reef volcánico o sobre rocas de basalto, excepto en la playa de arena negra de Sandvik, que ofrece raramente buenas condiciones para los debutantes. Entre los mejores spots encontramos: Thorli, Rolling Stones, Gardur, The Rock, Grindavik, Ollie´s Shipwreck y Vik al sur. Tenga cuidado porque las olas pueden ser de tamaño y corriente muy fuerte.

La mejor época para surfear es de septiembre a noviembre, con olas regulares y temperaturas aún aguantables. Pasado noviembre, las tormentas de nieve y los violentos vientos no garantizan con certitud la accesibilidad a los spots.

Una aventura en estado puro

Seamos claros, en Islandia no hay mucha gente en el agua. Le mirarán con curiosidad dirigirse hacia el océano, vestido con un grueso neopreno y su tabla de surf bajo el brazo, preguntándose qué es lo que le atrae a sumergirse en ese agua glacial. En pleno invierno, la luminosidad es muy reducida y los días son muy cortos (duran alrededor de dos horas), por lo que los elementos más bien ingratos y el frío piden una enorme energía y concentración.

Por eso, una vez domados estos parámetros, estará inmensamente contento de surfear en sitios vírgenes y de la presencia del hombre frente a majestuosos paisajes. ¡Un sentimiento adictivo que no le hará arrepentirse del calor de Indonesia o de la belleza del País Vasco! Sobre todo porque la perspectiva de sumergirse en fuentes de agua caliente después de su sesión, deberían darle la energía necesaria para combatir el frío…

Los surfistas que ya han experimentado la isla están todos de acuerdo en que este país les da la impresión de volver a partir de cero, de aterrizar en otra dimensión y de estar completamente al margen del resto del mundo. Imagínese despertar en un camarote de madera al borde de un fiordo, andar algunas horas en busca de un buen spot, paddler con las focas rodeado de témpanos de hielo más grandes que usted, no cruzarse a nadie y después, sumergirse en un baño de agua a 40 grados antes de cenar, escuchando a los locales contar leyendas del pasado.

Una tierra de exploración

Desde Reikjavik, alquile un 4x4 y parta a la aventura de las tierras salvajes islandesas. No se pierda las impresionantes cascadas como las cataratas de Godafoss, Detifoss o Gulfoss. Ponga rumbo hacia los inmensos fiordos, donde la magia y el silencio serán suficientes para despejarle la mente y apaciguarle. Estos valles excavados por antiguos glaciares están casi por todos lados, hay unos 109 en todo el territorio. También podrá visitar los pequeños pueblos de pescadores y encontrar una fauna variada, como pájaros con cetáceos. Entre los sitios imperdibles, figura igualmente la laguna glacial Jökulsárlón, situada al sur de la isla. Aquí podrá ver inmensos bloques de hielo y admirar las focas descansar tranquilamente en las playas de arena negra. Las fuentes de agua caliente son también una visita obligada: ya sea el Blue Lagoon y sus aguas lechosas, los baños naturales de Mývatn o la playa geotérmica de Reykjavík, ¡déjese sorprender por sus verdaderas piscinas naturales! En pleno invierno, tendrá también la suerte de poder admirar las auroras boreales, fenómenos luminosos que dejan trazos de colores en el cielo estrellado.